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jueves, 11 de abril de 2013

PIRA: Diablos de Pira

   Hace años, muchos años, se iniciaba la reconquista del antiguo Castillo situado en el término de Pira. Eran tiempos donde los campesinos eran obligados a dar una tercera parte de la cosecha de los viñedos a los señores del castillo.

   Pero en aquella época lo que nadie esperaba era que todo terminara con una gran desgracia, como me prever una gran revolución por parte de los agricultores hacia los señores se estaba preparando. Los campesinos, cansados ​​y enfurecidos pensaron una solución: y crearon un vino maldito.

   Era un vino, o un veneno, es igual venía directo desde las fuerzas del mal, de las brujas y brujos de la umbría, y cuenta la leyenda que quien bebía este vino quedaba paralizado con pesadillas repetitivos que finalmente acabarían con su existencia .

   Era el finalllllll! Toda esta maldad intentamos detenerla con la ayuda de la iglesia y sus libros secretos. Hicimos condenarlos todos aquellos agricultores malditos, a la pena de muerte. Y así lo hicimos les secuestrar y quemar aquí delante de la iglesia en una gran hoguera de fuego y luz.

   Todos aquellos agricultores de Miralpeix quedaban muertos y aún siento el olor a carne quemada y los gritos de histeria de todos ellos ... Y cuenta la leyenda que el día que alguien queme la iglesia de Pira invocará todas aquellas almas de todos ellos por los siglos de los siglos y el pueblo de Pira viura con maleficio de todas estas grandes almas .. almas locas .. almas bien inspiradas, .. inspiradas por el fuego ..
Iglesia de Pira, Tarragona.

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lunes, 4 de febrero de 2013

Valverde del Majano


   Cuenta una leyenda milagrosa que la construcción de la ermita de la Virgen de
la Aparecida (Valverde del Majano) en la parte baja del cerro donde se halló la Virgen
tuvo enormes dificultades, pues lo construido durante el día aparecía destruido por
la noche (Sanz, 2000). Sólo cuando decidieron construirla en lo alto del cerro pudieron terminarlo con normalidad, como si la Virgen quisiera estar en el lugar donde
apareció. La explicación científica a este hecho puede relacionarse con las arcillas
que forman la base del cerro, que tienen propiedades expansivas cuando son
humedecidas por la lluvia, lo cual produce el deterioro de los edificios construidos
encima; pasó recientemente con el puente sobre el antiguo ferrocarril SegoviaMedina. Sin embargo, la cima del cerro está constituida por arenas y gravas no
expansivas, sobre las que no tiene ningún inconveniente la construcción.

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jueves, 8 de noviembre de 2012

ABENOJAR: Virgen de la Encarnación




Una leyenda nos cuenta que la Virgen se apareció a un vaquero que cuidaba de sus vacas en un paraje por donde corre un arroyo que desemboca en el río Tirteafuera.

La Virgen es llevada en romería hasta el lugar de la aparición llamado "arroyo de la Virgen". Existen indicios de haberse edificado, posiblemente en el siglo XVI, una pequeña ermita, alguna de cuyas piedras labradas de sus columnas, pueden verse por los alrededores de aquel paraje.
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jueves, 29 de diciembre de 2011

Teruel: Albarracín


LA TORRE DE DOÑA BLANCA:

En el extremo sur del peñón en que se asienta la Ciudad de Albarracín, junto a la antigua iglesia de Santa María, se alza un grueso y cuadrado torreón. El pueblo le llama "La Torre de Doña Blanca". Ésta torre fue, sin duda, una pequeña fortaleza destinada a vigilar, primeramente, a la mozarabia de la ciudad, situada junto a la sobredicha iglesia, como luego vigiló los movimientos de la judería, que ocupaba el "Campo de San Juan".

En torno a la torre, el peñón se estrecha, y a sus pies, en profundo cauce, discurre el río Guadalaviar, aprisionado por las rocas y por los vallados de pequeños huertecillos. Al otro lado del río, la ingente masa rocosa vuelve a alzarse para dominar desde elevadas cumbres la ciudad, el río y los huertecillos.

Pero la torre de Doña Blanca, guarda entre sus muros, al decir de las gentes, el misterio evocador de la figura triste de una joven infanta aragonesa. Porque Doña Blanca era hermana menor de un príncipe heredero del trono de Aragón. Era una joven ingenua, casta y sencilla, por cuyas prendas no sólo sus padres, los monarcas, sino también toda la nobleza de estos reinos, la idolatraban. Pero la esposa del futuro rey, por la más vergonzosa envidia, la odiaba tenaz y sañudamente.

Y así ocurrió que, al morir el rey, los nobles aclamaron al príncipe heredero, y aquella mujer, que tanto odiaba a Doña Blanca, quedó constituida reina de Aragón. La joven infanta se acogió al lado de su madre, la reina viuda, pero fueron los mismos nobles quienes la aconsejaron que huyera de estos reinos para salvar su vida, refugiándose en la corte de sus deudos los reyes de Castilla.

Y sucedió que un día, de paso para Castilla, llegó a Albarracín, acompañada de algunas dueñas y de pocos caballeros, la desgraciada infanta aragonesa. La acogida que a Doña Blanca le dispensó Albarracín fue muy cordial, por cuanto que hasta aquí había llegado la fama de sus virtudes y la noticia de los odios de la reina. La ciudad entera presenció el paso de la vistosa comitiva con sus jinetes y sus escuderos por las calles tortuosas hasta llegar a los palacios de Azagra, Señor de Albarracín, donde se hospedó la joven infortunada. Consigo traía, en cofres forrados de cuero y guarnecidos de hierro, todos sus tesoros de joyas valiosas y preciadas telas. No era bien dejar todo esto en Aragón.

Pasó un día y otro día, y las gentes esperaban con impaciencia poder contemplar de nuevo el rostro de Doña Blanca y ver su lucida comitiva, al menos, cuando dejara la corte de los Azagra para continuar su viaje hacia Castilla. Mas el tiempo pasó... y las dueñas y los caballeros que habían acompañado a la infanta aragonesa emprendieron un día su regreso hacia tierras de Aragón; pero a Doña Blanca... ya nadie la vio jamás.

El pueblo, lleno de sorpresa y admiración, empezó a pensar que la joven había muerto llena de tristeza por su doloroso destierro, y que había sido sepultada secretamente en el famoso torreón que había de llevar su nombre en adelante. Mas nadie supo jamás lo sucedido, porque las gentes de la casa de Azagra y los nobles de la ciudad guardaron el secreto cuidadosamente.

Desde entonces, en todo plenilunio estival, cuando los próximos peñascos recogen el eco de la campana que suena la hora de la media noche, las gentes de Albarracín cuentan que se puede ver salir de la Torre de Doña Blanca una sombra clara, como de rayo de luna, a la manera de la figura de una mujer de blancas y holgada vestiduras que va descendiendo lentamente por los escarpes de la roca, como si fueran los peldaños de un palacio encantado, hasta llegar a los huertecillos y luego al río, en cuyos cristales se baña, y desaparece para no ser vista hasta otra noche de plenilunio. Es "La Sombra de Doña Blanca".

 




Era en los últimos años del siglo XV, unos días después de haberse promulgado el decreto de expulsión de los judíos, que obligó a salir de Albarracín a más de cien familias que habitaban el barrio que rodea la Torre de Doña Blanca. Allí quedaron sus casas desiertas y abandonadas.

Una noche del plenilunio del mes de Julio, frente a la desierta judería, en las vertientes de las montañas del otro lado del río, un joven pastor cuidaba un rebaño del señor de Santa Croche. Sentado en un escarpe de las rocas contemplaba la ciudad dormida y bañada por los rayos de luna, que se quebraban en el castillo, en los muros y en el caserío, formando con las sombras figuras como de seres gigantes y misteriosos. A sus pies serpenteaba el río, arrullando con sus murmullos el sueño de la ciudad. Enfrente se erguía la Torre de Doña Blanca. Era la media noche... La campana mayor de la catedral dejó escapar de sus bronces el aleteo tembloroso de sus campanadas... Y el pastor, al conjuro del lugar y de la hora, pudo ver cómo junto a la Torre de Doña Blanca aparecía la figura de una mujer, que, tras desaparecer en estrecha calleja, aparecía de nuevo en el postigo de la muralla, y descendía por leve senda entre las rocas, hasta llegar al río, donde se inclinó ligeramente, como si contemplara su rostro en el espejo de las aguas bruñidas por luz de luna, y luego ascendía la empinada cuesta y se adentraba por las callejas del barrio judío abandonado.

En las primeras horas de la mañana, el pastor llegaba al castillo de Santa Croche e instaba por ver a su señor; mas el señor no se encontraba a la sazón en el castillo, y le recibió su hijo menor, joven apuesto, valeroso y amable. El pastor, lleno de emoción, le fue contando todo lo sucedido en la noche, cómo había visto con sus propios ojos descender hasta el río "La Sombra de Doña Blanca".

El joven Heredia sabía muy bien lo que se contaba de la legendaria historia de la infanta sepultada en la torre, y de la sombra que desciende en las noches de luna a bañarse al río... Pero amigo de aventuras y emociones, en la noche del plenilunio del mes siguiente se situó en las mismas rocas desde donde el pastor había visto la misteriosa aparición. Contemplaba también el fantástico aspecto de la ciudad bañada en luces de luna. Sonaron las doce en la campana catedralicia y... volvió a descender la figura de la mujer hasta el río. Lleno de asombro, pero audaz y atrevido, descendió el joven al cauce del río y lo atravesó sigilosamente. Oculto por los árboles y sauces que pueblan la margen, se acercó hasta el lugar donde la misteriosa mujer se inclinaba sobre la corriente. Pero la joven, al oír tras si los pasos, se erguió resuelta, sacando de las aguas una pequeña ánfora. El atrevido Heredia, lleno de estupor y sin acercarse más, le dijo:

- ¿Quién eres?
- ¡La Sombra de Doña Blanca!,- contestó la joven. Y sin más emprendió veloz huida por el angosto y empinado sendero entre las rocas, hasta llegar al postigo del muro, por donde penetró en la ciudad, desapareciendo...

No sabía qué pensar el joven hijo de los señores de Santa Croche. Contra su anterior convencimiento, "La Sombra de Doña Blanca" tenía realidad encarnada en una joven grácil, de tez morena y ojos que brillaban al reflejo de un rayo de luna.

Pocos meses más tarde, una joven de estirpe judía era capturada junto a la Torre de Doña Blanca cuando se disponía, a la media noche, a salir por el postigo y descender al río. La ronda nocturna que hacía la sobrevela por las torres y muros de la ciudad la había sorprendido. Ante el alcaide de las fortalezas de Albarracín, que era el mismo señor de Santa Croche, hubo de comparecer al día siguiente. Y la joven, con los ojos bañados en lágrimas, fue contando su triste historia. Ella era huérfana, de padres judíos, y al decretarse la expulsión no quiso abandonar la humilde casita que la vio nacer, ni la ciudad que amaba, ni las rocas que rodean su barrio, ni el río en que lavaba sus ropas o cogía agua en tiempos más felices. Había resuelto vivir oculta entre las ruinas de las casas abandonadas por los proscritos de su raza. Tomaba el alimento de los huertecillos, y el agua del río, en medio del misterio de la noche... Luego moriría sin que nadie sospechara su existencia...

Y la historia termina diciéndonos que la joven judía fue llevada al castillo de Santa Croche y, tras la necesaria educación cristiana, recibidas las aguas bautismales, llegó a contraer matrimonio con aquel joven Heredia que una noche de plenilunio la sorprendió llenando su cántaro en las orillas del río, bajo el peñón en que se asienta "La Torre de Doña Blanca".
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jueves, 1 de diciembre de 2011

Murcia: Mazarron

 La purisima concepción
 La inseguridad de la zona quedará perpetrada durante años por el acecho de los piratas berberiscos, lo que llevó a la villa a construir torres de vigilancia para defenderse de los ataques. Una leyenda cuenta porqué la imagen que se encuentra en el convento de la Purísima posee la particularidad de hallarse con el rostro torcido. Dice la tradición que durante uno de esos ataques, la virgen bajó a la playa para ahuyentar una de esas ofensivas, lo que explica a su vez la gran devoción del pueblo por esta virgen. El esplendor económico decayó en los siguientes siglos, hecho motivado por la aparición de una competencia extranjera en la explotación del mineral.
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Murcia: Cartagena

¿Desembarcó Drácula en Cartagena?

Para acercarse a la historia del vampirismo no hay que escalar las cumbres oscuras que cercan Rumanía. Ni tampoco morirse de miedo en el castillo, tan imponente como restaurado, del conde Drácula. Entre otras cosas, porque Cartagena ya atesora una sorprendente leyenda que, durante un siglo, ha circulado como un rumor de boca en boca. Ahora, los investigadores arrojan luz sobre el caso de un supuesto vampiro que aterrorizó media España tras ser desembarcado en Cartagena; muertes inexplicables, cadáveres desangrados y desapariciones repentinas forjaron el cuento.

El investigador Antonio Aracíl recibió en 1983 la visita de un abogado de Toledo que durante años había seguido la pista de un vampiro. El letrado le explicó que la historia se remontaba a los primeros años del siglo pasado, cuando hasta el puerto de Cartagena llegó un ataúd vacío. Nadie lo reclamó. Durante algún tiempo, el féretro fue custodiado en los almacenes portuarios. Cierto día, un ciudadano de La Coruña solicitó el ataúd, que le fue enviado por carretera. Y aquí comienza lo más increíble del relato.

El itinerario que el féretro recorrió desde Cartagena a La Coruña, con escalas en poblaciones como Alhama de Murcia, Toledo, Borox o Santillana del Mar, se vio salpicado de casos de vampirismo; asesinatos sangrientos que más tarde, durante las investigaciones, conformarían una ruta del horror. Sin embargo, cuando la carroza fúnebre alcanzó la ciudad gallega, tampoco hubo quien la recibiera. Y regresó a Cartagena. Al cabo de unos días, un noble serbio solicitó el féretro. El personaje residía en una posada ubicada en la calle Mayor de Alhama de Murcia, donde varios testigos aseguraron que sólo salía al caer el sol. Poco tiempo más tarde, el serbio desapareció y las autoridades decidieron sepultar el ataúd en uno de los cementerios de Cartagena. Aracíl también conoció, por boca del abogado, que una anciana corroboró en Murcia la existencia en aquellos años de un noble serbio.

La historia del vampiro de Cartagena despertó hace unos años la curiosidad de otro investigador, Jordi Ardanuy, quien viajó hasta Cartagena para rastrear sobre el terreno cuánto de realidad había en aquella leyenda. Ardanuy, miembro de la Sociedad Española de Estudios sobre Vampiros, buscó sin éxito en los archivos de los cementerios de Nuestra Señora de los Remedios y el de San Antón algún registro que probara la existencia de un enterramiento tan excepcional.

Tampoco tuvo suerte en los depósitos de la Marina ni en la aduana marítima. Ni siquiera halló la publicación en el Diario Oficial de la Provincia del aviso que establecía la ley para proceder a la inhumación. Y no porque nunca hubieran existido documentos probatorios. La mayoría de los archivos a los que accedió el investigador renovaban sus fondos cada cierto tiempo, sin contar aquellos que sufrieron ataques y expolios durante la Guerra Civil. La búsqueda de cualquier información era entorpecida a cada instante.

El investigador también recorrió las localidades por donde pasó el ataúd, entre ellas Calasparra, aunque nadie recordaba tan insólita historia. En la memoria colectiva permanecían imágenes de antiguos crímenes pero era imposible relacionarlos con nada sobrenatural.

Sólo en Borox, un pequeño pueblo de Madrid, Ardanuy encontró a una anciana que aseguraba haber escuchado a su madre relatar la terrorífica historia de «un hombre que chupaba la sangre». ¿Hasta qué punto podría confundir esta buena mujer al supuesto vampiro de Cartagena con el literario conde Dracul? La ruta que siguió el sarcófago, al menos la que en su día reveló Aracíl, evidencia que el traslado no observó el camino más corto hacia La Coruña. Así, desde Cartagena alcanzó Alhama de Murcia, luego se desvió a Almería para volver de nuevo a Calasparra y continuar hacia el norte. Allí, se registra un nuevo desvío a Cantabria.

Este itinerario indujo a Ardanuy a concluir que acaso se debía a la intención de recorrer diversas poblaciones españolas. El serbio bien podría ser el propietario del ataúd. Juntos recorrieron el país dando cuenta del gaznate de los menos avisados. Y luego regresaron a Cartagena para convertirse en una leyenda.

Otros autores han probado la existencia de esas muertes extrañas al paso del féretro. Por ejemplo, a la cuestión le dedicó un informe en 1998 el periodista Luis García Chapinal, que recuperó la historia de diversos asesinatos acaecidos en Santillana del Mar.

La leyenda del vampiro mantiene en nuestros días la incógnita de saber cuánto de realidad esconde su narración. De momento, hay quien asegura que ha descubierto la tumba en Cartagena. Aunque prefiere no hacer pública su identidad, mantiene que en la lápida ya quebrada por el tiempo, alguien talló un murciélago

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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Alicante: Benidorm

   La leyenda de la isla de Benidorm:
   Aquellos que hayáis visitado el Puig Campana o lo hayáis visto desde Benidorm, o Altea, habréis observado el corte casi perfecto que tiene una de sus cimas.
   Y por supuesto, aquellos que hayáis ido a cualquier playa de Benidorm o a cualquiera de sus miradores, habréis observado el trozo de roca que hay en el mar a muy poca distancia.
   Pues bien, existe una leyenda que relaciona a ambos, una preciosa leyenda que os voy a intentar resumir.
   Cuenta la leyenda que en la ladera de el Puig Campana hubo un gigante llamado Roldán, era el dueño y señor de todo aquello y vivía en una cabaña que él mismo había construido.
   Tenía todo lo que un gigante de sus características podía querer... pero no era feliz, le faltaba el amor.
   Cuentan que un día y conoció a una bella jovencita de la que quedó enamorado, el amor fue mutuo y ambos vivieron su romance en la cabaña del gigante.
   Desde aquel día Roldán hacía todo lo posible por complacer a su amada dándole toda clase de caprichos y comodidades para que se sintiera cómoda y feliz.
   Pero..... Un día, Roldán volvía a su cabaña y se cruzó con un extraño ser que le dijo que a su bella doncella le quedaban muy pocas horas de vida.... justo las que quedaban para que el sol se pusiese por la ladera de la montaña. Al final del día su joven amada moriría sin remedio.
Roldán partió corriendo hacia su cabaña y comprobó como su amada poco a poco iba apagándose.          Conforme pasaban las horas y el sol bajaba, ella se encontraba peor.
   Ante la impotencia, el coloso salió furioso a recriminarle al sol. Entonces recordó la frase del ser extraño "cuando se oculte el sol morirá" Enfurecido salió corriendo hacia la cumbre del Puig Campana y de un puntapié rompió un trozo de montaña dejando así pasar el sol unos minutos más.


   Bajó corriendo a por su amada para intentar alargar el máximo tiempo su vida, pero el sol no tardó en ponerse.
   Roldán no pudo dejarla por lo que se dirigió como un sonámbulo hacia el mar en busca de la luna con la esperanza de que su luz la salvase. Al no funcionar, la enterró en el nuevo islote y se quedó junto a ella el resto de sus días, "se abrazó a ella para con su cuerpo seguirla amparando y protegiendo por toda la eternidad"
   Queda constatado que "ni las piedras son insensibles a la fuerza avallasadora de un gran amor".


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Valencia

   Leyenda de las trescientas doncellas:
   Cuentan las gentes que Jaime I prometió a sus soldados antes de acometer la toma de la ciudad de Valencia que los primeros en entrar merecerían el honor de repoblar la ciudad con mujeres traídas de sus pueblos de origen. Fueron tres leridanos sobre los que recayó tal distinción, y así se hizo venir a trescientas doncellas leridanas. Produciéndose inmediatamente siete matrimonios cuyas cabezas e iniciales pasaron a la posteridad esculpidos en piedra en la Puerta del Palau de la Catedral Valenciana."


VALENCIA - CATEDRAL


«...La puerta del "Palau" es la parte más antigua de la Catedral. Según algunos autores es obra de Arnau Vidal entre los años 1260-1270.Para otros , es anterior a la construcción de la nueva catedral y se realizaría en los primeros años para derribar el mihrad, la parte más sagrada de una mezquita.

Situada en un cuerpo saliente, está compuesta por un arco de medio punto, primorosamente trabajado y por seis elegantes arquivoltas. La primera decorada con ángeles y serafines en baldaquinos o doseles arquitectónicos en disposición continua (gótica).Y las restantes con motivos vegetales y geométricos: puntas de diamante festones lobulados, dientes de sierra y delicados follajes con abundante uso del trépano. Sobre ellas un guardapolvo finamente labrado. Se remata con un tejaroz sostenido con canecillos de cabezas humanas.

Estas cabezas representan , según la tradición, a los siete matrimonios que se encargaron de conducir desde Lérida a Valencia a las setecientas doncellas que serían las esposas de los primeros pobladores cristianos. Conservan restos de policromía y sus nombres aparecen en unas cartelas situadas entre cada pareja: Pedro y María, Guillén y Berenguela, Ramón y Dolça, Francisco y Ramona, Bernardo y Floreta, Beltrán y Berenguela, Domingo y Ramona...» 



Archivo fuente




"...estas marcas son un enigma, hace tiempo preguntamos al canónigo obrero de la catedral sobre ellas y él las atribuía a los mendigos que se asentaban en esa parte de la puerta, tal como aparecen en las antiguas fotos de Laurent y que afilaban allí sus navajas, otra atribución es a los niños que afilaban las puntas de sus peonzas.
Hay leyendas, me parece que repetidas en algún otro templo en suelo español, que dicen fueron provocadas por el diablo en su vano intento por entrar en el recinto sagrado.
Históricamente se ignora su origen, causa o intención, aunque dan para una serie de leyendas románticas."
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jueves, 17 de noviembre de 2011

La Rioja: Nájera

El peregrino inocente, condenado

















  En los confines de Francia habitaba un piadoso matrimonio de grandes virtudes y profunda religiosidad, siendo los dos muy devotos de la Virgen María. Hacía quince años que se habían casado y no tenían hijos, por lo que, aunque dichosos en su Matrimonio, su anhelo constante era tener un hijo, y continuamente se lo imploraban a Dios y a su Madre divina, sin que hasta entonces hubiesen conseguido el sueño de su vida, en el que cifraban todas sus ilusiones. 
No habían perdido, sin embargo, la esperanza de tenerlo, y seguían pidiéndoselo a Dios encarecidamente. Una noche, cuando dormían, se les apareció en sueños santa María anunciándoles que Dios les concedería un hijo, pero con la condición de que le llevasen, cuando fuese mayor, en peregrinación al sepulcro del apóstol Santiago.
Al despertar el matrimonio, con inmenso gozo, se comunicaron sus sueños, convenciéndose, al ver que los dos habían tenido el mismo, de que era una aparición divina, y juntos fueron a dar gracias por ello a la Madre de Dios. Pasados unos meses, la mujer dio a la luz un hijo, varón, al que impusieron el nombre de Jacobo, por devoción al apóstol Santiago, considerándose el matrimonio más dichoso del mundo con aquel hijo que Dios les había concedido.
EI niño se criaba hermoso y guapo, y a medida ,que iba creciendo, iba despertándose su gran inteligencia y aumentándole su bondad, haciendo de él un conjunto de perfecciones que constituía el orgullo de sus padres y el encanto de cuantos le conocían. Cuando ya tuvo quince años, los padres decidieron cumplir el mandato divino, y emprendieron con su hijo la peregrinación a Santiago de Galicia, para postrarse ante el sepulcro del aposto y darle gracias por su merced.
A la mitad del camino, en Nájera, se alojaron para pasar la noche en una hospedería de peregrinos. Los atendió una hija del hospedero, muy joyen, que, prendada de la belleza del muchacho le asedió hasta descubrirle su amor, pero fue por él despreciada. Ella, llena de coraje al verse desairada, sintió deseos de venganza y concibió una diabólica idea. Espero a que el muchacho estuviese dormido, y, entrando sin hacer ruido en su habitación, escondió en su saco de viaje. entre sus ropas, un precioso cáliz de oro, labrado por un afamado artífice y adornado con perlas y piedras preciosas de incalculable valor.
Al amanecer del día siguiente emprendieron de nuevo su ruta los peregrinos, haciendo el camino entre plegarias al apóstol. Cuando ya habían recorrido cerca de cinco kilómetros, fueron alcanzados por el hospedero, su hija y algunos acompañantes más, acusándolos de haber robado un cáliz. Los peregrinos lo negaron rotundamente, jurando por lo más sagrado que ellos no habían cogido nada. Pero la hija afirmaba que habían sido ellos, porque habían bebido en él los últimos, desapareciendo de su sitio al momento de su partida. Propuso que para salir de dudas se les registrase a ellos y a sus hatos de viaje. Al abrir el saco del muchacho, encontraron el cáliz con gran sorpresa de los peregrinos que fueron llevados ante las autoridades y denunciado el hijo como ladrón. 

Rápidamente se instruyó la causa, condenando al muchacho a morir en la horca por robo, aplicando la ley vigente en el país para los bandoleros, sin que de nada le sirvieran sus protestas de inocencia ni las súplicas de sus afligidos padres. 
Interior del monasterio Al amanecer, el muchacho, con gran serenidad y paz de espíritu, aceptando la voluntad divina, fue conducido entre dos alguaciles hasta el patíbulo, situado en las afueras del pueblo, y allí se cumplió el fallo.
Los padres, sintiéndose sin valor para presenciar la ejecución de su inocente hijo, continuaron su peregrinación a Santiago, llenando los valles con sus tristes lamentos y regando los caminos con sus amargas lágrimas, sin encontrar consuelo a su horrible dolor. Durante cinco días y cinco noches caminaron sin descanso, enloquecidos por la angustia y quejándose al cielo de que les hubiera mandado hacer aquella peregrinación, en la que habían perdido al sol de sus ojos y el aliento de sus vidas, dejándolos condenados a sufrir aquella tortura durante el tiempo que les quedara de vida.
Enajenados por los sufrimientos, no habían pensado antes en dar sepultura sagrada a los restos de su hijo; y entonces decidieron desandar el camino y pedir el cadáver para enterrarlo ellos piadosamente.
Al acercarse al pueblo, el padre iba quejándose a grandes gritos de que Dios no le hubiera enviado la muerte a él en vez de a su hijo, y cuando ya llegaban cerca, vieron a lo lejos el cuerpo de su hijo que seguía colgado del patíbulo; anhelantes, se aproximaron a él y oyeron la voz de su hijo, que les reprochaba sus quejas y su poca resignación ante los designios divinos. Maravillados al oírle, corrieron a abrazar a su hijo, y éste les refirió cómo se le había aparecido una esplendorosa Señora, que era la Virgen María, llena de gloria y majestad, con resplandecientes vestiduras, y acompañada de un venerable anciano que le dijo ser el apóstol Santiago; entre los dos le habían sujetado por los brazos, para librarle de la muerte y que no recibiera el menor daño. Le alimentaron durante cinco días, prodigándole toda clase de consuelos y de ternuras.
Los padres, radiantes de júbilo, corrieron a dar cuenta del milagro a la autoridad suprema del país. Pero este personaje, que se hallaba a la mesa comiendo, negóse a creer que estuviese vivo después de cinco días de ahorcado, y les dijo. señalándoles un pollo asado que estaba sobre la mesa: «Tan imposible es que este pollo resucite como que vuestro hijo viva».
Al momento, ante su vista, el pollo se levantó de la cazuela, y batiendo las alas, voló, diciendo: «Prodigioso es, el Señor en sus santos».
Atónitos, se trasladaron todos inmediatamente al lugar donde estaba el ahorcado, y lo encontraron con vida, y descolgándolo, se lo entregaron a los padres. Ante aquel milagro divino, revelador de la inocencia del muchacho, el juez revisó la causa, tomando declaración a la hija del hostelero, que, acosada ante las preguntas del tribunal, confesó su crimen, siendo ella condenada a muerte en la horca. Pero los buenos padres del muchacho, no queriendo ensombrecer con ninguna muerte la prodigiosa salvación de su hijo, acudieron a suplicar al tribunal el indulto de la joven, consiguiendo por su intercesión que fuera conmutada por la pena de cortarle el pelo y vestirla con hábito de monja, y así permaneció toda su vida haciendo penitencia para conseguir el perdón de su delito. 

Al muchacho le tomó el obispo bajo su protección, y con él y con sus padres llegaron a dar gracias ante el sepulcro del apóstol Santiago, que le había protegido durante su vida, y allí se hizo presbítero y vivió santamente, glorificando a Dios hasta el fin de sus días.


(Leyendas de España, de Vicente García de Diego)
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martes, 8 de noviembre de 2011

CIUDAD REAL: En el cementerio


"Apolonia" al filo de la historia y la leyenda. 
Cuando la ciudad no termina por contarnos con sosiego toda su historia, alguna vez, sus amantes, tenemos que escudriñar sus rincones; tomar sus piedras sillares que, algunas se ven en la montonera de edificios echados abajo arruinados o en las mismas escombreras y hasta, como en este caso, en los cementerios en donde se rinde culto a la verdad y donde se toman lecciones de eternidad. Porque en ese lugar los silencios no se falsean: no son silenciosos mudos sino elocuentes; son silencios eternos que cubren la horizontal del pensamiento. Ciudad Real tiene en su entraña muchas historias pequeñas que es necesario descubrir para contar su drama o su gloria.

"Apolonia" que así e llama el personaje que nos ocupa. ¿Es mito o realidad?. A mi pregunta insistente, nadie me ha respondido y he buscado por doquier las respuestas: en aquellas personas de edad que viven en la ciudad para ver que norte me daban y nada me han dicho. Ante tal desconocimiento, no he tenido moco remedio que ir a tomar una confesión al viejo sepulturero que a medias, me ha contado a, manera, una historia vieja de celos, seguramente influenciado por las historietas del cine o de la "tele". Y al final para ver si existió, he ido a los archivos de defunciones a ver si daba con su huella y la he encontrado escrita, como en letra muerta y descolorida. Pero es igual, porque a la vista de la documentación encontrada, todo empieza a sonar como leyenda digna de ser aprovechada por algún orador de postín, al estilo de Torrente Ballester, que hiciera de ella, su mejor obra.

Conocemos a "Apolonia" por el documento de su defunción en la ciudad, sellada con el día y la hora del óbito, así corno su enterramiento. Otro conocimiento nos viene por la obra de su sepulcro que, un autor anónimo, al menos todavía para nosotros, ha realizado para guardar el cuerpo de la infortunada "Apolonia". El sepulcro es uno maravillosa talla en piedra, que lo cubre una gran losa en la que reposa la imagen de una mujer joven que cubre su cuerpo desnudo con un velo de gasa transparente, tras el que se adivina la, forma de una mujer excepcional. El rostro de la mujer tallada en la piedra de la losa es bellísimo, lo que nos hace pensar que el artista reflejó en su obra el rostro nacarado de la difunta. El sepulcro, a pesar de haber estado medio enterrado, no se halla demasiado deteriorado y ya hemos logrado que el Ayuntamiento capitalino tenga conocimiento de este hallazgo, para que lo incluya en la nómina de monumentos a restaurar. Insistimos una vez más que e1 arcón funerario no debe estar medio enterrado en el cementerio de la ciudad, deshaciéndose la piedra y exponiéndose a los efectos de las extremas temperaturas, que poco a poco, van destrozando esta obra de arte. Es también cierto que nuestras investigaciones nos han aclarado que desde hace muchos años, nadie atiende la sepultura de "Apolonia” a nadie se le ha visto pararse para rezar por su alma; nadie ha venido, ni en los días de difuntos, a ponerle unas flores a la tumba o a encenderle una lamparilla como homenaje a su corazón difunto y a su belleza marchita.

"Apolonia" canto una heroína apócrifa, sigue creando un misterio a su alrededor; continúa sin contestar a la interrogante de su vida; y se mantiene, a merced de que los poetas escriban sus versos en su homenaje y desempolven una leyenda, cuando no se conoce la historia de su vida, sino simplemente, lo que traduce la belleza de este monumento funerario que el artista ha creado para perpetuarla y hacer imposible que la imaginación lea su propia historia.


















Pero, como decimos, "Apolonia" entra ya en el mundo de la leyenda y toma vida, y crea su mundo, y lo mueve a su antojo y busca a sus personajes en definitiva, el poeta ha logrado que, al fin, la leyenda responda a los interrogantes que ha planteado esta joven mujer fallecida hace más de setenta años. "Dicen que "Apolonia" llegó un dio a la ciudad como esposa de un alto funcionario de la Administración Publica. Su marido tenía fama de ser un hombre honesto, muy fuerte de carácter, al que no le gustaba que nadie le contradijera porque creíase, que estaba siempre en posesión de la verdad y de la razón. Se había casado, ya mayor, por conveniencias sociales; ella, su bella esposa, hija de un rico hacendado de Extremadura, y él, un funcionario público de alto copete, hijo de familia acomodada de Toledo. El esposo tomó posesión de su alto cargo y vino destinado a la ciudad en la que fue muy respetado y envidiado por la bella mujer que te acompañaba en sus recepciones habituales ordenadas por el protocolo. Como prueba de su amor por "Apolonia" su esposo encargó a un artista local, ya de gran fama en la pintura que le hiciera un retrato. Todos los días este pintor visitaba la casa de "Apolonia" para tomar los apuntes del natural. "Apolonia” era bellísima, no sólo su cara y sus ojos sino también su cuerpo, cosa que reflejó el artista en su obra eran todo cuidado. El pintor llegó a enamorarse de su modelo y hasta en un arrebato de sinceridad, él lo declaró a su modelo, sin que ella, coqueteando, le hiciera ningún desprecio al pintor, sino todo lo contrario. Los avatares de la política de aquél entonces, también con sus tradiciones y marcada por la violencia, en uno de sus viajes a la capital para resolver cuestiones y asuntos ofíciales, fue muerto a manos de unos bandoleros que 1e dispararon a traición. Ante este hecho luctuoso, "Apolonia" quedó destrozada y enfermó. Y de tal manera, que aquejada de una dolencia extraña, a los pocos meses murió la esposa. El pintor, días antes de su muerte le había hecho la entrega de su obra que con toda religiosidad abonó al pintor enamorado locamente de "Apolonia”. El pintor sufrió un calvario viendo cómo "Apolonia" iba perdiendo día por día y hasta que falleció un día de septiembre.


Toda la obsesión del artista fue ofrecerle un monumento funerario pava guardar el bello cuerpo de su amor imposible. Trabajo con ahínco en su obra y un día de Navidad, de acuerdo con el sepulturero, depositaron el cuerpo ya cadáver de "Apolonia" en el arcón de piedra tallada que el artista le había construido cerrándolo con una losa grande en la que había tallado el cuerpo de su amada, como dormida y con un velo transparente para que se viera la belleza de su cuerpo. Todo se hizo con absoluto sigilo y de la noche a la mañana, apareció la obra funeraria del artista que no firmó su nombre.
Después, el tiempo, los años, los aconteceres políticos, las guerras, etc., hicieron olvidar este hecho que, indiscutiblemente, tuvo su eco en la ciudad. Pero esta fue haciéndose mayor y con ello desapareciendo todo vestigio de épocas pasadas. Solo los libros y los archivos, podían haber dado testimonio de lo ocurrido con esta bella mujer y que enamoró locamente al artista. Hoy queremos reivindicar romo patrimonio de la ciudad, lo que queda de ese amor imposible y que es todo un monumento funerario; una escultura que hico merece conservarse en un museo.

 "Apolonia" así, es una leyenda que pudo ser una realidad. Nada ni nadie nos ha revelado el secreto de su muerte; tampoco el artista que talló su obra funeraria, nos ha dejado su nombre; todo ha quedado a la merced de la fantasía. Por eso los poetas han cantado en loas a esta mujer enigmática y bella que enloqueció a quien la amó a sabiendas de que era imposible su conquista. En el cementerio de Ciudad Real se halla el testigo; la bella obra de una sepultura, rendida a la muerte de la mas bella de las mujeres. "Apolonia".

JOSÉ DE LARA Y VILLAJOS
La Tribuna 15-08-1991
Fotografía: Alberto Muñoz Arenas




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